Fútbol, la droga social.

/Alejandro García Marín/ /Artículo de opinión/

El fútbol es un deporte muy popular en todo el mundo, con aproximadamente 220 millones de personas que están involucradas activamente en esta disciplina, esto según una encuesta realizada por la Federation Internationale of Football Asosciation (FIFA) en el año 2006.

México se encuentra en el séptimo país con más futbolistas, teniendo 8.4 millones de personas (sin contar a los niños), China se encuentra en el primer lugar mundial, seguido de Estados Unidos.

Cada fin de semana en nuestro bellísimo país, se acostumbra ver el fútbol, o muchas veces si hay un partido “importante” en días de trabajo, se saltan alguna actividad para poder estar al tanto de su equipo favorito. Esto al parecer no tiene nada de malo, pues se fomenta de cierta manera la relación familiar y social; sin embargo tenemos el otro lado “oscuro” de este deporte, el cual sirve como distractor de la realidad, fungiendo como dopamina al receptor.

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Y es que según mi observación, en México como en otros países, se tiene en un pedestal al juego del balón pie,  tanto que en cualquier charla de amigos es común escuchar algo sobre este tema, siendo atosigante para las personas no interesadas, sin embargo, muchas veces para encajar, los no aficionados guardan silencio y escuchan estas largas pláticas, que con demasiada emoción suelen contar los emisores que defienden este deporte,

En sí el fútbol no es malo, pues es un deporte completo, ya que dura oficialmente 90 minutos, en los cuales correr es una actividad constante dentro del campo, y esto ayuda al sistema cardiovascular, fortalece los músculos, los huesos, mejora el equilibrio, sumas fuerza, entre otras beneficios físicos; pero el panorama cambia, cuando el individuo se sienta a ver un partido (ya sea en la TV o en un campo deportivo), puesto que como en una telenovela el aficionado se enoja, se emociona, se aflige, y hasta llora al ver perder a su equipo favorito, resultando algo tan demente para una persona externa que no se interesa por ese deporte.

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Debemos tener en cuenta que hay mejores contenidos en las bibliotecas, museos, internet, programas televisivos de acervo cultural, educativo, etcétera, con información útil que nos ayudará a tener muchos más conocimientos sobre la realidad, llegando a ese despertar intelectual el cual siempre se ha buscado, o por lo menos, tener temas interesantes para charlar un domingo por la tarde.

Luis Villoro en su artículo “Fútbol, la utopía”  nos dice que el deporte promovido oficialmente a gran escala, sirve para desviar a los pueblos de sus problemas reales, esto me remonta a la problemática sucedida en el último mundial celebrado en Brasil 2014, donde los diputados de nuestro país aprovecharon la fechas y horarios de los partidos para votar sobre algunas reformas, entre estas la tan cuestionada e ineficiente reforma energética, aprobándola y pasándonos la rata por los ojos.

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Un punto importante para concluir es que el deporte no es malo, pero la idolatría de este si lo es, siendo cierto el dicho que nos dice que todo en exceso es malo. Reflexionemos un poco sobre la influencia mediática que tiene el fútbol en las personas, perdiendo el principal objetivo el cual es beneficiar la salud y recuperar algunos valores sociales e individuales por un consumismo inconsciente.

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